27 julio, 2017

2º de 365. ¡Al rico episodio ambiguo!

   Hoy, por suerte, la consulta ha sido mucho más ligera: Tenía bastantes menos citados que los dos últimos días, han fallado los primeros cuatro pacientes, con lo que he podido imprimir un buen numero de recetas y ultimar otros asuntos pendientes. Los motivos de consulta tampoco han sido especialmente complejos.
   Tan solo una paciente me ha generado un leve conflicto: un empleado sanitario de uno de los hospitales "insigna"de La Comunidad de Madrid.
   Se trataba de una recaida por cervicalgia; unos días atrás había pedido el alta voluntaria por mejoría. Me ha enseñado la atención de urgencias en su propio centro de trabajo. Me ha pedido las recetas oportunas para continuar el tratamiento prescrito. He comprobado la cita con neurocirugía de su centro de trabajo para mediados de septiembre, aunque cree que puede conseguir que se la adelanten, con la idea de solicitar una resonancia magnética.
   Hasta ahí todo bien, el problema ha surgido cuando le he prguntado si quería la baja laboral. me ha contestado que sí, con la condición de que le hiciera un escrito en el que constara que se le daba de baja por una de las dolencias contempladas con derecho a percibir el 100% del salario.
   Al parecer algún miembro de la plataforma sindical o de salud laboral le ha informado de la publicación en el BOCM (Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid) de los acuerdos alacanzados entre la Mesa Sectorial y El Gobierno de la Comunidad en el mes de mayo pasado, en cuyo anexo figura un listado con las enfermedades  a las que afecta esta condición.
    Habían llegado a mi vagas noticias sobre este tema, de modo que he echado un vistazo a dicho listado, que el paciente me ha mostrado en su movil donde lo tenía cargado, y lo más cercano a su problema que he podido ver  es algo tan impreciso como "desplazamiento de disco intervertebral"; no especificaba si el disco tenía que estar tan desplazado como para palparse bajo la piel del cuello o provocar obstrucción esofágica u oclusión aórtica. También he podido ver que en dicho listado se han guardado muy bien de que figuren dolencias tan corrientes como amigdalitis, gripe, brote ulceroso, acoso laboral, duelo prolongado; por poner solo unos ejemplos.
   Por supuesto no le he hecho el escrito que pretendía, haciendole entender qu para ello había que tener un diagnóstico definitivo, de lo cual estabamos pendientes, y que si este se establecía a posteriori" seguro que podría reclamar lo que le hubiesen descontado indebidamente. No ha querido la baja y en su lugar ha preferido un justificante porque estaba indignado por lo que le descontaban de la nómina. Ha manifestado que entendía mis motivos pero, al despedirse no ha podido evitar lanzarme una torva mirada, como identificandome con una parte fundamental de sus problemas.
   Este episodio y el hecho de la apertura automática en la pantalla del ordenador de una dichosa alarma que viene acosandome últimamente, me hacen entrar de lleno en el tema de la comunicación de hoy.
   Desde hace unos meses venimos observando que, al abrir la historia de determinado paciente citado, se abre una "ventana indiscreta" que nos avisa que tenemos episodios ambiguos. Al principio, en dos o tres ocasiones, entré en dicha aplicación a ver de que iba y fue suficiente con eso. Ahora me limito a cerrarla sin más cada vez que aparece. Como diría mi abuelo: "no tengo tiempo de perder el tiempo".
   Pero, ¡vamos a ver, señores mios! Si ya de por si en cualquier consulta médica especializada o no, es dificil llegar a un diagnóstico definitivo o al menos aproximado en la primera visita, tanto más en Atención Primaria donde la incertidumbre es mayor y los medios más limitados.
   Aunque el nombre de episodio no le cuadra mal a determinados pacientes hiperfreuentadores que parecen formar parte de un "culebrón", el nombre "motivo de consulta" es más realista con la labor que realizamos a diario.
   Atendemos a diario motivos de consuilta que, como ya sabemos sobradamente, se acercan más a trámites administrativos que a verdaderos actos médicos. y, en este último caso la variedad, dispersión y "ambigüedad" de lo consultado es tal que es dificilisimo concretarlo en una "etiqueta".
   Cuando además, para llegar a un diagnóstico definitivo, necesitas determinada prueba complementaria y/o interconsulta con el especialista, con las correspondientes a veces demasiado prolongadas demoras, el paciente; sobre todo si es muy mayor, ha tenido tiempo de consultar otros problemas que relegan a aquel episodio remoto al estado de abierto y pendiente "sine die" unas lineas más arriba del episodio recien abierto.
   Hablemos pues de ambigüedades:
   Ambiguo es intentar codificar los motivos de consiulta con el CIAP-2 (Codigo Internacional de Atención Primaria), por cierto última revisión de 2008, sobre todo cuando se intenta correlacionar con el CIE (Codigo Internacional de Enfermedades); por cierto en España se sigue utilizando la versión nueve, cuando en otros paises utilizan la diez y con sucesivas actualizaciones mejoradas.
   Gracias a este "eficaz" sistema de codificación nos vemos obligados a escribir a mano la dolencia de casi uno de cada tres pacientes "sobre" un código lo más parecido al problema real.
   Ambiguo es el nomenclator en el que nos basamos para realizar las prescripciones; seguimos
funcionando en medicina con uno y en las oficinas de farmacia con el suyo propio y muy a menudo no coinciden.
   Ambiguas siguen siendo la delimitación de funciones y el reparto de competencias, jerarquias y responsabilidades dentro del Equipo de Atención Primaria. Solo hay una cosa clara; aquello que no resuelve el resto, por los motivos que sea y de la índole que sea lo tiene que resolver el facultativo. Todo ello con honrosas excepciones
   Ambigua la relación con la atención especializada. Sigue habiendo un buen numero de especialidades o de especialistas concretos que mantiene una actitud ignorante y por ello a menudo denigrante con el médico de atención primaria. Para paliar en lo posible esta injusta situación se creó la figura de la Dirección de Continuidad que, seguramente por ser coherente con ese nombre, ha conseguido que todo continue... igual de mal para nosotros.
   Ambiguo es pregonar lo importnte que es la Atención Primaria y recortarle cada vez más los recursos humanos y pecuniarios.
   Ambiguo es decir lo malo que es este fármaco que acabo de autorizar y lo imprescindible que es cinco años después cundo ha bajado su precio.
   Ambiguo es... ¿quien es el ambiguo ahora?
   Ya me he cansado. Mañana más

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