Nunca le he dado demasiada importancia al lenguaje formal. Petenezco a una generación en la que de niño quedaban solo algunos retazos de la utilización del usted como muestra de especial respeto incluso dentro de la familia.
Resultaba algo chocante cuando te desplazabas a un medio rural escuchar, por ejemplo, "digame usted, padre" o "¡Mire quien ha venido, madre!"
Mis primos, catalanes, también hacían uso de algún término atávico al respecto. Tuteaban con naturalidad a sus padres pero, cuando eran reclamados por su nombre, se consideraba una falta de respeto contestar con un simple ¡Qué! La formula correcta era responder con un solicito ¡Que mana!; [¡Que manda (usted)! en castellano]
Antaño el usted no era una mera señal de respeto formal, también se instrumentalizaba, para marcar las distancias por jerarquias o posición social y otros fines más complejos. A nadie se le ocurría entonces tutear a un maestro, a un abogado, al médico, al cura o a un agente del orden.
En muchos colegios tambén se dirigían de usted los profesores a los alumnos, supongo que para enfatizar que lo que allí se trataba era de la máxima importancia y seriedad.
Mi madre recuerda, aun con cierta angustia, que el peor castigo que recibia de mi abuela cuando la enfadaba, era que, de una forma totalmente antinatural comenzaba a dirigirse a ella de usted.
Yo recuerdo, casi con la misma angustia, aquella vez que se me acercaron dos jovencitas muy peripuestas, a las que de un vistazo juzgué como potencialmente ligables, y cuando esperaba un ¿me puedes decir donde está la discoteca Pachá?, me chafaron con un ¿me puede decir que hora es? Pero vayamos al grano; de lo que quería hablar es, por supuesto, del tuteo en el ámbito médico.
Llegué a la universidad recién comenzada la década de los setenta. Por entonces los estudiantes nos dirigíamos de usted prácticamente a todo el personal de la facultad, incluidos ugieres, secretarios y ayudantes. Tan solo hacíamos alguna excepción con cierta administrativa, tan joven como nosotros, de la secretaría de la facultad y los empleados de la cantina de la misma.
Ya de MIR la cosa cambió. El Dictador llevaba muerto tres años y nos encontrábamos en plena Transición, Cambio, Apertura, Democracia... Los residentes tratabamos de tu a algunos adjuntos, sobre todo los que daban pie a ello, probablemente con ánimo rejuvenecedor. Tuteabamos a las enfermeras; a las más jovenes y, sin embargo, podíamos dirigirnos de usted a un celador de cierta edad. Dichas distinciones creo que estaban dictadas más bien por el hábito en las normas de urbanidad que por ninguna intención clasista. También había aun alguna monja en plantilla a las que nos dirigíamos con "hermana" o "sor lo que sea".
Estaba también ese otro curioso tuteo, más propio del medio hospitalario pero que trascendió al poco también a la atención primaria, que suele usar el personal de enfermeria y auxiliar con ese paciente de perfil mayor, crónico, pluripatológico, asiduo.., aunque puede hacerse extensivo a cualquier otro paciente, y que no es sino otro rasgo más del cariño en el trato que suelen recibir los mimos de este sector del personal. "Anda, Juan, déjame el brazo que te tengo que sacar sangre para un análisis" "Antonia, ¿quieres que te de algún calmante?"
Tras haber trabajado en diversas suplencias e interinidades en el Servicio Especial de Urgencias, en medicina general, de médico de pueblo, de ayudante de traumatología, de pediatra y algunas otras vicisitudes acabé consiguiendo plaza fija de médico de familia.
Desde muy al principio me convertí a la Liga de Los Sin Bata; tengo la convicción de que el respeto y la consideración profesional se deben de ganar a diario con tus actos y no con los aspectos formales: me sobra todo tipo de uniforme. Por el mismo motivo no me importaba que algunos pacientes me tutearan. Solía ser gente que te ven joven y ese tuteo no malintecionado es porque te sienten cercano. O el de la señora de determinada edad que te identifica con su hijo sin por ello perder ni un apice del respeto que como profesional de la salud mereces. El que nunca he llevado nada bien es es otro tuteo que articulan algunos pacientes con clara intención descalificadora. Contra ese siempre me he revelado enfáticamente.
Me refiero al del individuo que se presenta ante ti con un tuteo desgradable en la expresión y en la actitud, que suele acompañar a una serie de exigencias injustificadas. Individuo que no deja de cuestionar todas tus decisiones, cuya idea directriz debe de ser algo parecido a "tu eres un empleado del gobierno y estás ahí para servirme y atender todas mis exigencias te guste o no porque para eso te pago" Francamente encantador. Por entonces, en ocasiones, me enzarzaba en enconadas discusiones por este hecho que casi nunca conducian a nada bueno.
Todo eso, por suerte ha ido cambiando con el tiempo; o soy yo el que he cambiado. Tal vez sea que mi presencia; las canas, la experiencia, mi actitud, el lenguaje no verbal... se haya tornado en merecedora de mayor respeto ya de entrada. También puede ser que la gente en general haya templado sus formas tras esos años caóticos que siguieron inmediatamente al fin de cuarenta años de dictadura, durante los que la consigna era "¡Todo vale!". O ambas cosas y alguna otra circunstancia que se me escapa.
Llevo ya más de diez años en la misma consulta. algunos pacientes están conmigo desde el principio. Les he visto crecer de niños a adultos, casarse y tener hijos. He visto romperse parejas y, curiosamente, seguir siendo pacientes mios cada uno por su lado. A otros los he visto envejecer, mientras yo tambien envejecía, y cargarse de achaques. Otros, desgraciadamente, han enfermado gravemente y de algunos he tenido que certificar su defunción. He sido testigo, y no precisamente mudo o ajeno, de muchos de sus avatares y me he esforzado en mantener un trato distendido, optimista, comunicativo, familiar...
Tal vez por eso, con los años, casi todos me llaman Alfredo sin más, ni doctor ni don; Alfredo a secas: Tengo cita con Alfredo. Gracias por todo, Alfredo. Buenos días, Alfredo, vengo porque me dijiste...
Tengo asociada a cada persona con su nombre de pila y se que les da confianza que les llame solo por el mismo en la sala de espera. Por supuesto que tambíen tuteo a todos con escasas excepciones; ese tuteo del que hablaba; respetuoso pero entrañable.
Ese trato de confianza no interfiere en mi labor profesional; por el contrario, salvo excepciones, la facilita. Es un tuteo ganado a pulso.
Si tu no lo aceptas, ¡usted se lo pierde!
Como el Sganarelle de Moliere, los médicos de atención primaria funcionamos a palos; y asi nos va.
09 agosto, 2017
04 agosto, 2017
10º de 365. Lo "mejol" el omeprazol
| Hoy; ya ayer, se ha caracterizado por haber atendido a más pacientes de
reparto de otros compañeros ausentes, que mios propios. En estas
circunstancias es cuando puedes apreciar las diferencias con las que
ejercemos nuestra profesión cada uno de nosotros. Unos son más
minuciosos en la cumplimentación de la historia clínica, otros más
preocupados por el gasto en general, un buen numero huyen de asumir los
trastornos mentales como de la peste. Son algo más jovenes en general y a pesar de llevar años en atención primaria, dado que su formación ha sido básicamente hospitalaria, sobre todo ligada a medicina interna, siguen buscando el diagnóstico brillante incluso donde es más que improbable encontrarlo. Los pacientes, sobre todo los que llevan muchos años con el mismo médico, también son diferentes, ya sea por la impronta que deja en ellos la forma de conducir la consulta el facultativo o que, por el dicho de "Dios los cria y ellos se juntan", con el tiempo se van redistribuyendo por los distintos cupos y, al final, cada médico suele tener los pacientes que se "merece" y viceversa. Alguno de estos pacientes se sorprenden de tu forma de enfocar su problema, como si les estuviera atendiendo un médico que hubiera venido del espacio sideral; para bien o para mal. Con esto no pretendo ni mucho menos juzgar la competencia de mis colegas, tal vez soy yo el que más "méritos" reune para ser juzgado. De lo que estoy hablando es del estilo, que a la hora de la verdad es lo que hace que un paciente se decante más por uno u otro facultativo en la libre elección de médico. Pero no era de eso de lo que quería hablar hoy sino de una de esas famosas ventanitas puñeteras con mensajes mortificantes. Y lo hago hoy porque este ha sido el día en que por diversas circunstancias más veces y más seguido he tenido que soportarla. Me refiero a esa que aparece cuando vas a prescribir a un paciente por primera vez un IBP (inhibidor de la bomba de protones) que no sea el omeprazol, que además, para mayor escarnio, aparece por duplicado; una detrás de otra. Este tipo de mensajes siempre me ha parecido denigrante, ofensivo y molesto por demás. Aun asi, pudo tener cierto sentido en su momento, pero a estas alturas, cuando está probado que en algunas circunstancias es imperativo prescribir cualquiera de los "vetados" en lugar del omeprazol parece como mínimo producto de la inercia, la dejadez y el absurdo. Por no hablar de que, una vez salvado el escollo de prescribirlo, el fármaco queda marcado con un triangulo parecido al de "material radioactivo", como si hubieras cometido el peor de los desastres. Triangulo que puede ser rojo, amarillo o verde, supongo que dependiendo de las estaciones meteorológicas (es broma). Como ya he ido anunciando, me queda menos de un año para jubilarme. Llevo sufriendo el mensajito unos diez años. En todo este tiempo no ha servido para disuadirme de hacer la prescripción que creo más correcta. Tampoco me ha servido para aprender nada que no supiera ya, recurriendo a la página web que me sugieren... para que me enseñen. Primero porque no me he molestado en entrar en la misma jamás y segundo porque, de haberlo hecho, con la de veces que me han remitido debería haberlo aprendido ya. Incluso puede llegar a molestar a los facultativos-economos, mucho más contumaces con las directrices del ahorro a toda costa que la propia administración, en los que podría causar un efecto negativo y de rechazo a sus propias convicciones por revanchismo. En la segunda ventana el argumento supuestamente disuasorio aludiendo a la diferencia de precios es ridiculo, porque dichos precios están desactualizados y cada vez se encuentran a menos distancia uno de otros. En otras palabras, el puñetero mensajito reiterativo hasta la saciedad parece no cumplir otra función que dar por... ahí una y otra vez. ¿Sería mucho pedir que, como regalo de despedida a un futuro jubilado, retirara; aquel a quien corresponda, las dichosas ventanitas con sus mortifcantes absurdos mensajes? Gracias por adelantado. |
03 agosto, 2017
9º de 365. Día de locos
Creo que todos hemos experimentado en más de una ocasión como las dolencias que consultan los pacientes vienen por rachas, casi con caracter epidémico; me atrevería a decir. Yo he tenido en una ocasión hasta tres fibrilaciones auriculares de debut en el mismo día y casi seguidas.
Hoy ha sido practicamente un monográfico de "los nervios". Primero un paciente joven que no era de mi cupo y me ha tocado de reparto y que solo venia a por los partes de confirmación, que su médico se los deja de dos en dos en el mostrador, pero se habían agotado. No he podido dejar de sorprenderme al comprobar que lleva más de doscientos días de baja además en dos empresas. Motivo: ansiedad. No he entrado en materia, pero me ha parecido que es un típico caso de rentismo dada la actitud chulesca del paciente.
Casi inmediatamente detrás otro que venía al resultado de una analítica general, incluida serología a ETS (enfermedades de transmisión sexual) solicitada por un contacto dudoso meses atrás. Además había recibido tratamiento antidepresivo y ansiolítico por problemas conyugales, despido de empresa, etc. Al parecer ahora tenía trabajo garantizado para un buen numero de años y había reecho su vida sentimental por lo que se ncontraba en un buen momento y no tomaba medicación. No obstante me ha pedido que le dejara el ansiolítico en la receta electrónica por si acaso, cosa que me ha parecido la mar de oportuno dado que el paciente tiene ciertos rasgos obsesivo-compulsivos.
Dos o tres pacientes más y acude una por debajo de la treintena de edad, que hacía tiempo que no veía, que casi nada más sentarse irrumpe en un llanto desconsolado, balbuceando algo de que no puede más y la empresa y que esta muy mal... Consigo serenarla y que al menos se explique y compruebo que su caso entra dentro de lo que figura como ambiente adverso de trabajo. Viene con la idea clara de que quiere la baja. No me opongo de entrada pero le explico las limitaciones de la misma y que los problemas con la empresa no se solucionan en la consulta del médico, y le aclaro que es mejor que sea así porque si no entraríamos en el terreno de la enfermedad mental, cosa que no le conviene. No le hace mucha gracia; esperaba otra cosa (vaya usted a saber que). Le ofrezco un ansiolítico a demanda que acepta y al ir a tramitarle la IT (incapacidad transitoria) no queda muy claro el nombre de la empresa por lo que la emplazo para más tarde cuando lo sepa.
Asi ha transcurrido la mañana más o menos relajadamente. No me responde con exactitud la memoria pero creo que ha habido un par de pacientes más a los que he prescrito ansiolíticos antidepresivos o ambos, pero creo que ya estaban pautados.
El momento álgido ha sido a partir de las doce, cuando parecía que la mañana prometía seguir igual de tranquila. Un paciente pasados los cuarenta, que solo ha acudido una vez a mi consulta en los últimos cinco años, antecedentes de años de abuso de alcohol y drogas y diagnosticado de esquizofrenia. se presenta con lenguaje verborreico, inconexo e ininteligible. Da la impresión de algo agitado pero no actitud amenazante. En la receta electrónica que no ha renovado hace más de un año figura una medicación, en un informe de mayo otra y me enseña una cita a primeros de julio a la que es más que evidente que no ha acudido.
Con toda la prudencia y tacto que puedo le comunico al paciente que no le puedo recetar ningún medicamento hasta que no averigüe su tratamiento actual. Hay una pequeña resistencia al principio pero al final parece entenderlo y consigo que salga a la sala de espera tras haber llamado al centro de salud mental y quedar a la espera de que me llame algun psiquiatra que me pueda poner al día.
Cuando entró el paciente anterior la sala de espera quedó vacía, pero ahora ya hay cinco personas esperando: Una señora que defiende firmemente que le toca a ella cuando no es así, un joven que es el que de verdad está el siguiente en la lista y por suerte solo viene a renovar la rectea electrónica.
A continuación le toca el turno a una pareja, la cita es para la señora de 73 años con nombre y apellidos completamente hispanos a la que acompaña su hijo, que comienza a hablar con un deje afrancesado casi ininteligible, pero desde el principio capto un tono exigente. Aporta un informe de ingreso por tres días en nuestro hospital de referencia: Diagnostico al alta: golpe de calor. Seguir mismo tratamiento más heparina y ajustar Sintrom por su médico de cabecera. Averiguo que los tres días de ingreso han sido básicamente para resolver algunos desordenes electrolíticos transitorios.
Al rato, no sin esfuerzo, ya me he hecho una idea de la situación: la paciente no es mia, es de reparto por ausencia de su médico habitual. La última nota en su historia es de hace trece años y, por entonces no tenía ningún diagnóstico ni tratamientos concretos. Durante todo ese tiempo ha permanecido bajo seguimiento y control por un seguro privado. No tenemos ningun dato al respecto. La paciente es sorda total desde hace años y no usa audífono por que no lo toleraba por no se que ruidos. En varios momentos de la entrevista tengo que comunicarme con ella por escrito. El hijo, al que cada vez me cuesta más entender porque se está poniendo nervioso, consigue no obstante, transmitirme que la familia ha observado cambios en la conducta y las actividades cognitivas de su madre y que alguien tiene que darle una solución. Tras muchas vueltas y tiras y aflojas consigo que acceda, como primera medida fundamental acudir al otorrinolaringólogo (ORL) para valorar soluciones para la sordera y, si la solución es el sonotone, que se lo faciliten porque si no va a ser sumamente dificil valorar su estado mental.
En cuanto al Sintrom y resto de medicación que me muestra; diureticos, antihipertensivo, hipolipemiantes, etc. Le pido que me traiga los informes del seguro privado proque si no tendremos que empezar de cero. Le receto heparina para los proximos días hasta que vuelva a citarse.
Cuando salgo de nuevo a la sala de espera vuelve al ataque la que cree que le toca a ella y no, aun no, le corresponde entrar a una paciente asiatica con hija de acompañante que esperaba prudentemente a ser llamada.
Viene porque había tenido una ligerísima alteración en la TSH (hormona estimulante del tiroides) en periodo de lactancia tras reciente parto, que compruebo que se ha normalizado. No hay manera de hacerle entender que en principio no hay que repetir el analisis. Veo que tiene en receta electrónica un complejo de vitaminas y yodo que aun está tomando y un anticonceptivo gestagénico, que no está cumpliendo porque dice que no se puede tomar dando el pecho. A pesar de que le informo que si, que ese precisamente es para esa situación, insiste en que no lo va a tomar. ¡Hasta el próximo embarazo! Pienso para mis adentros.
Por fin entra a la que le tocaba todo el rato y no, que ya sí. Por no enrrollarme: vértigo de un mes de evolución de más que probable origen psicógeno que, sin embargo, antes no se acompañaba de hipoacusia y; mira tu por donde, ahora si. Tabla de ejercicios de reeducación vestibular, receta de sulpiride solo para momentos puntuales y PIC (parte interconsulta) al ORL
Por fin solo queda la que no sabía su empresa. Entre medias de uno y otro paciente he ido vigilando como se encontraba el paciente psicótico y le he pedído calma porque aun no había contactado con ningúan psiquiatra, pero en una de ellas me ha dicho que se iba al centro de salud mental porque ahí le facilitan la medicación cuando le hace falta. No he podido retenerle más. No obstante al poco me ha llamado el psiquiatra responsable y me ha puesto al corriente de lo dificil de llevar este paciente, cuan a menudo abandona el tratamiento y de la medicaciión pautada en la actualidad.
Le tramito el parte a la paciente referida la encuentro un poco más serena pero igulmente poco conforme con que la IT sea limitada. La cito para el lunes próximo a ver que tal.
Son las 14:15 cuando deberían ser las 13:00. De locos
Hoy ha sido practicamente un monográfico de "los nervios". Primero un paciente joven que no era de mi cupo y me ha tocado de reparto y que solo venia a por los partes de confirmación, que su médico se los deja de dos en dos en el mostrador, pero se habían agotado. No he podido dejar de sorprenderme al comprobar que lleva más de doscientos días de baja además en dos empresas. Motivo: ansiedad. No he entrado en materia, pero me ha parecido que es un típico caso de rentismo dada la actitud chulesca del paciente.
Casi inmediatamente detrás otro que venía al resultado de una analítica general, incluida serología a ETS (enfermedades de transmisión sexual) solicitada por un contacto dudoso meses atrás. Además había recibido tratamiento antidepresivo y ansiolítico por problemas conyugales, despido de empresa, etc. Al parecer ahora tenía trabajo garantizado para un buen numero de años y había reecho su vida sentimental por lo que se ncontraba en un buen momento y no tomaba medicación. No obstante me ha pedido que le dejara el ansiolítico en la receta electrónica por si acaso, cosa que me ha parecido la mar de oportuno dado que el paciente tiene ciertos rasgos obsesivo-compulsivos.
Dos o tres pacientes más y acude una por debajo de la treintena de edad, que hacía tiempo que no veía, que casi nada más sentarse irrumpe en un llanto desconsolado, balbuceando algo de que no puede más y la empresa y que esta muy mal... Consigo serenarla y que al menos se explique y compruebo que su caso entra dentro de lo que figura como ambiente adverso de trabajo. Viene con la idea clara de que quiere la baja. No me opongo de entrada pero le explico las limitaciones de la misma y que los problemas con la empresa no se solucionan en la consulta del médico, y le aclaro que es mejor que sea así porque si no entraríamos en el terreno de la enfermedad mental, cosa que no le conviene. No le hace mucha gracia; esperaba otra cosa (vaya usted a saber que). Le ofrezco un ansiolítico a demanda que acepta y al ir a tramitarle la IT (incapacidad transitoria) no queda muy claro el nombre de la empresa por lo que la emplazo para más tarde cuando lo sepa.
Asi ha transcurrido la mañana más o menos relajadamente. No me responde con exactitud la memoria pero creo que ha habido un par de pacientes más a los que he prescrito ansiolíticos antidepresivos o ambos, pero creo que ya estaban pautados.
El momento álgido ha sido a partir de las doce, cuando parecía que la mañana prometía seguir igual de tranquila. Un paciente pasados los cuarenta, que solo ha acudido una vez a mi consulta en los últimos cinco años, antecedentes de años de abuso de alcohol y drogas y diagnosticado de esquizofrenia. se presenta con lenguaje verborreico, inconexo e ininteligible. Da la impresión de algo agitado pero no actitud amenazante. En la receta electrónica que no ha renovado hace más de un año figura una medicación, en un informe de mayo otra y me enseña una cita a primeros de julio a la que es más que evidente que no ha acudido.
Con toda la prudencia y tacto que puedo le comunico al paciente que no le puedo recetar ningún medicamento hasta que no averigüe su tratamiento actual. Hay una pequeña resistencia al principio pero al final parece entenderlo y consigo que salga a la sala de espera tras haber llamado al centro de salud mental y quedar a la espera de que me llame algun psiquiatra que me pueda poner al día.
Cuando entró el paciente anterior la sala de espera quedó vacía, pero ahora ya hay cinco personas esperando: Una señora que defiende firmemente que le toca a ella cuando no es así, un joven que es el que de verdad está el siguiente en la lista y por suerte solo viene a renovar la rectea electrónica.
A continuación le toca el turno a una pareja, la cita es para la señora de 73 años con nombre y apellidos completamente hispanos a la que acompaña su hijo, que comienza a hablar con un deje afrancesado casi ininteligible, pero desde el principio capto un tono exigente. Aporta un informe de ingreso por tres días en nuestro hospital de referencia: Diagnostico al alta: golpe de calor. Seguir mismo tratamiento más heparina y ajustar Sintrom por su médico de cabecera. Averiguo que los tres días de ingreso han sido básicamente para resolver algunos desordenes electrolíticos transitorios.
Al rato, no sin esfuerzo, ya me he hecho una idea de la situación: la paciente no es mia, es de reparto por ausencia de su médico habitual. La última nota en su historia es de hace trece años y, por entonces no tenía ningún diagnóstico ni tratamientos concretos. Durante todo ese tiempo ha permanecido bajo seguimiento y control por un seguro privado. No tenemos ningun dato al respecto. La paciente es sorda total desde hace años y no usa audífono por que no lo toleraba por no se que ruidos. En varios momentos de la entrevista tengo que comunicarme con ella por escrito. El hijo, al que cada vez me cuesta más entender porque se está poniendo nervioso, consigue no obstante, transmitirme que la familia ha observado cambios en la conducta y las actividades cognitivas de su madre y que alguien tiene que darle una solución. Tras muchas vueltas y tiras y aflojas consigo que acceda, como primera medida fundamental acudir al otorrinolaringólogo (ORL) para valorar soluciones para la sordera y, si la solución es el sonotone, que se lo faciliten porque si no va a ser sumamente dificil valorar su estado mental.
En cuanto al Sintrom y resto de medicación que me muestra; diureticos, antihipertensivo, hipolipemiantes, etc. Le pido que me traiga los informes del seguro privado proque si no tendremos que empezar de cero. Le receto heparina para los proximos días hasta que vuelva a citarse.
Cuando salgo de nuevo a la sala de espera vuelve al ataque la que cree que le toca a ella y no, aun no, le corresponde entrar a una paciente asiatica con hija de acompañante que esperaba prudentemente a ser llamada.
Viene porque había tenido una ligerísima alteración en la TSH (hormona estimulante del tiroides) en periodo de lactancia tras reciente parto, que compruebo que se ha normalizado. No hay manera de hacerle entender que en principio no hay que repetir el analisis. Veo que tiene en receta electrónica un complejo de vitaminas y yodo que aun está tomando y un anticonceptivo gestagénico, que no está cumpliendo porque dice que no se puede tomar dando el pecho. A pesar de que le informo que si, que ese precisamente es para esa situación, insiste en que no lo va a tomar. ¡Hasta el próximo embarazo! Pienso para mis adentros.
Por fin entra a la que le tocaba todo el rato y no, que ya sí. Por no enrrollarme: vértigo de un mes de evolución de más que probable origen psicógeno que, sin embargo, antes no se acompañaba de hipoacusia y; mira tu por donde, ahora si. Tabla de ejercicios de reeducación vestibular, receta de sulpiride solo para momentos puntuales y PIC (parte interconsulta) al ORL
Por fin solo queda la que no sabía su empresa. Entre medias de uno y otro paciente he ido vigilando como se encontraba el paciente psicótico y le he pedído calma porque aun no había contactado con ningúan psiquiatra, pero en una de ellas me ha dicho que se iba al centro de salud mental porque ahí le facilitan la medicación cuando le hace falta. No he podido retenerle más. No obstante al poco me ha llamado el psiquiatra responsable y me ha puesto al corriente de lo dificil de llevar este paciente, cuan a menudo abandona el tratamiento y de la medicaciión pautada en la actualidad.
Le tramito el parte a la paciente referida la encuentro un poco más serena pero igulmente poco conforme con que la IT sea limitada. La cito para el lunes próximo a ver que tal.
Son las 14:15 cuando deberían ser las 13:00. De locos
02 agosto, 2017
8º de 365. Las ITs
Otra vez me ha entrado esa especie de dejadez. He estado dos días sin escribir y esta entrada la abrí ayer y hasta hoy no me he lanzado a comenzarla.
No es tan solo pereza, más bien al contrario, tengo verdaderas ganas de continuar a diario. Lo que me pasa es que se me atropellan las ideas y al final no aflora ninguna de forma suficientemente concreta y ordenada como para poder plasmarla de forma inteligible.
En esta ocasión me gustaría hablar sobre lo que supone para nosotros el control de la baja laboral o, como se denomina oficialmente, incapacidad transitoria (IT). Es tanto lo que se puede decir sobre este tema que daría para un manual y sobrepasaría el espacio que razonablemente debe de ocupar cualquier apartado de un blog para no desmotivar al lector.
Recuerdo, por ejemplo, cuando la IT se hacía a mano en unos talonarios de dos colores azul de tamaño DIN A5, para los partes de baja y de alta, y rojo apaisado y algo más pequeño para los sucesivos partes de confirmación. Había otros talonarios verdes que eran para las bajas por accidentes de trabajo; antes de que se transfiriera casi por completo dicha cobertura a las mutuas laborales, el antiguo INSALUD a menudo también se hacia cargo de estas contingencias.
Cada régimen (general, autonomo, empleado de hogar, agrónomos, de minería y del mar) tenían sus propias bases y prestaciones asi como diferentes periodos para comenzar a percibir estas.
Dichos talonarios repletos de casillas, que había que rellenar con los detalles correspondientes, se editaban para realizar cada documento por triplicado en papel autocopiable, pero era tan malo que, por supuesto no podía utilizarse para rellenarlos ni pluma ni roller, porque el último ejemplar era ilegible incluso usando un boligrafo y apretando con fuerza al escribir.
La única contabilidad que llevabamos era la referenccia del último parte de confirmación emitido, que el paciente traía para emitir el siguiente, a lo que se añadía que también se anotaba la evolución en la historia clínica, por supuesto todo ello a mano.
Pero no es de estas peculiaridades funcionales de las que quería hablar, sino del hecho razonable, y plausible de que por entonces era práctica habitual que el médico especialista procediera a emitir la baja, los partes de confirmación y el alta en su momento; es decir, la gestión de la IT por completo en aquellos casos en que esta estaba relacionada con una patología que atañía a su especialidad.
Ya se que la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria) no esta de acuerdo con esta circunstancia; aunque ese tema no es tan aireado en la actualidad, hace cosa de unos cinco años o más fue un asunto princeps la defensa de que la IT debía ser competencia exclusiva del Médico de Familia. Daban razones más que sobradas, incluidas por supuesto las económjcas; por el gran gasto que la IT supone para El Pais.
Curiosamente, coincidiendo con dicha euforia por delimitar/incrementar nuestras competencias, también se reconocía que una de las principales dificultades para llevar adecuamente esa gestión, concretamente evitar la prolongación innecesaria de los periodos de incapacidad, en la mayoría de casos está relacionado con la demora en la realización de determinada prueba complementaria o en la cita de revisión el especialista. Asunto de dificil solución ya que el tiempo nos ha dado sobradas pistas de que el especialista no considera en la mayoria de las ocasiones la condición de trabajador del paciente y su supuesta inhabilitación para sus actividades laborales mientras no se resuelve su caso.
De una forma casi sístemática los especialisats ignoran y "no se mojan" sobre este tema, ni aun solicitandoselo explicitamente, cuando éste tiene que ver con un apartado tan importante con el acto médico integral como es el prónostico.
Finalmente somos los médicos de familia los que, sin ningún apoyo por su parte y con la presión de las mutuas con sus "propuestas de alta" y de las inspeciones médicas con el traslado a nosotros de dichas propuestas y los absurdos informes complementarios de los partes 10º y 30º y otras zarandajas, tengamos que "lidiar con el toro" tomando a menudo decisiones en un sentido o en el contrario de una forma casi intuitiva.
En las raras ocasiones en que la Inspección Médica por fin se lanza a reclamar al especialista dicha información, la mayor parte de las veces solo consiguen evasivas.
Hace alrededor de quince años, trabajaba por aquel entonces en Móstoles, los médicos de familia nos pusimos muy reivindicativoa y conseguimos que los especialistas volvieran a hacerse cargo de las ITs de su competencia, concretamente casi todos los traumatólogos y psiquiatras asi lo hacían, y puedo asegurar que la experiencia fue positiva en cuanto a la reducción de los días de baja y la mayor diligencia en la resolución del problema y de realización de las pruebas pertinentes.
Por último, una reflexión en contra de que la IT la gestionemos, como se lleva a cabo actiualmente de forma exclusiva y sin apoyo real ni de especialistas ni inspecciones; no incluyo a las mutuas porque el conflicto de intereses es evidente y no disfrutan del potencial poder decisorio que si ostentan los otros mencionados: Partiendo del principio de que todo paciente que acude a mi consulta tiene una dolencia a la que tengo que atender y tratar de resolver; mientras no se dmuestre lo contrario. Igualmente, considerando que la buena relación medico-paciente es una pieza fundamental del éxito terapéutico. Es incuestionable que la gestión de la IT, cuando esta se prolonga más de lo supuestamente razonable, y comienzan a hacer acto de presencia signos de suspicacia respecto a la sinceridad del paciente en cuanto a su también supuesta mala evolución, no contribuye más que al deterioro de dicha imprescindible buena relación, con las consecuencias negativas para la dolencia actual; incluso aunque esté sobredimensionada o el paciente sea un rentista y/o sobre futuras dolencias que el paciente pudiera padecer.
Necesitamos que esa responsabilidad sea compartida de forma real y eficiente por todos los agentes implicados en la contingencia, porque de seguir así no se extrañen de que cada vez nos impliquemos menos y... ¡que discuta con ese paciente Rita!
Aquí lo dejo aunque el tema de la IT, como decía da para mucho más. En otra ocasión, tal vez lo retome.
Solo una cuestión que podría calificarse de anecdótica y que sirve para probar la arbitrariedad de la Administración en este y otros asuntos. Hace unos cuantos años en determinadas areas se ingresó en nómina de forma sorpresiva una cuantia en concepto de incentivo por la gestión de las ITs. Curiosamente yo cobré un buen pellizco, por encima de lo que se les asignó a mis compañeros, "sin comerlo ni beberlo"; aun no me lo explico porque mi filosofia al rspecto es equiparable a la de "in dubio pro reo".
No es tan solo pereza, más bien al contrario, tengo verdaderas ganas de continuar a diario. Lo que me pasa es que se me atropellan las ideas y al final no aflora ninguna de forma suficientemente concreta y ordenada como para poder plasmarla de forma inteligible.
En esta ocasión me gustaría hablar sobre lo que supone para nosotros el control de la baja laboral o, como se denomina oficialmente, incapacidad transitoria (IT). Es tanto lo que se puede decir sobre este tema que daría para un manual y sobrepasaría el espacio que razonablemente debe de ocupar cualquier apartado de un blog para no desmotivar al lector.
Recuerdo, por ejemplo, cuando la IT se hacía a mano en unos talonarios de dos colores azul de tamaño DIN A5, para los partes de baja y de alta, y rojo apaisado y algo más pequeño para los sucesivos partes de confirmación. Había otros talonarios verdes que eran para las bajas por accidentes de trabajo; antes de que se transfiriera casi por completo dicha cobertura a las mutuas laborales, el antiguo INSALUD a menudo también se hacia cargo de estas contingencias.
Cada régimen (general, autonomo, empleado de hogar, agrónomos, de minería y del mar) tenían sus propias bases y prestaciones asi como diferentes periodos para comenzar a percibir estas.
Dichos talonarios repletos de casillas, que había que rellenar con los detalles correspondientes, se editaban para realizar cada documento por triplicado en papel autocopiable, pero era tan malo que, por supuesto no podía utilizarse para rellenarlos ni pluma ni roller, porque el último ejemplar era ilegible incluso usando un boligrafo y apretando con fuerza al escribir.
La única contabilidad que llevabamos era la referenccia del último parte de confirmación emitido, que el paciente traía para emitir el siguiente, a lo que se añadía que también se anotaba la evolución en la historia clínica, por supuesto todo ello a mano.
Pero no es de estas peculiaridades funcionales de las que quería hablar, sino del hecho razonable, y plausible de que por entonces era práctica habitual que el médico especialista procediera a emitir la baja, los partes de confirmación y el alta en su momento; es decir, la gestión de la IT por completo en aquellos casos en que esta estaba relacionada con una patología que atañía a su especialidad.
Ya se que la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria) no esta de acuerdo con esta circunstancia; aunque ese tema no es tan aireado en la actualidad, hace cosa de unos cinco años o más fue un asunto princeps la defensa de que la IT debía ser competencia exclusiva del Médico de Familia. Daban razones más que sobradas, incluidas por supuesto las económjcas; por el gran gasto que la IT supone para El Pais.
Curiosamente, coincidiendo con dicha euforia por delimitar/incrementar nuestras competencias, también se reconocía que una de las principales dificultades para llevar adecuamente esa gestión, concretamente evitar la prolongación innecesaria de los periodos de incapacidad, en la mayoría de casos está relacionado con la demora en la realización de determinada prueba complementaria o en la cita de revisión el especialista. Asunto de dificil solución ya que el tiempo nos ha dado sobradas pistas de que el especialista no considera en la mayoria de las ocasiones la condición de trabajador del paciente y su supuesta inhabilitación para sus actividades laborales mientras no se resuelve su caso.
De una forma casi sístemática los especialisats ignoran y "no se mojan" sobre este tema, ni aun solicitandoselo explicitamente, cuando éste tiene que ver con un apartado tan importante con el acto médico integral como es el prónostico.
Finalmente somos los médicos de familia los que, sin ningún apoyo por su parte y con la presión de las mutuas con sus "propuestas de alta" y de las inspeciones médicas con el traslado a nosotros de dichas propuestas y los absurdos informes complementarios de los partes 10º y 30º y otras zarandajas, tengamos que "lidiar con el toro" tomando a menudo decisiones en un sentido o en el contrario de una forma casi intuitiva.
En las raras ocasiones en que la Inspección Médica por fin se lanza a reclamar al especialista dicha información, la mayor parte de las veces solo consiguen evasivas.
Hace alrededor de quince años, trabajaba por aquel entonces en Móstoles, los médicos de familia nos pusimos muy reivindicativoa y conseguimos que los especialistas volvieran a hacerse cargo de las ITs de su competencia, concretamente casi todos los traumatólogos y psiquiatras asi lo hacían, y puedo asegurar que la experiencia fue positiva en cuanto a la reducción de los días de baja y la mayor diligencia en la resolución del problema y de realización de las pruebas pertinentes.
Por último, una reflexión en contra de que la IT la gestionemos, como se lleva a cabo actiualmente de forma exclusiva y sin apoyo real ni de especialistas ni inspecciones; no incluyo a las mutuas porque el conflicto de intereses es evidente y no disfrutan del potencial poder decisorio que si ostentan los otros mencionados: Partiendo del principio de que todo paciente que acude a mi consulta tiene una dolencia a la que tengo que atender y tratar de resolver; mientras no se dmuestre lo contrario. Igualmente, considerando que la buena relación medico-paciente es una pieza fundamental del éxito terapéutico. Es incuestionable que la gestión de la IT, cuando esta se prolonga más de lo supuestamente razonable, y comienzan a hacer acto de presencia signos de suspicacia respecto a la sinceridad del paciente en cuanto a su también supuesta mala evolución, no contribuye más que al deterioro de dicha imprescindible buena relación, con las consecuencias negativas para la dolencia actual; incluso aunque esté sobredimensionada o el paciente sea un rentista y/o sobre futuras dolencias que el paciente pudiera padecer.
Necesitamos que esa responsabilidad sea compartida de forma real y eficiente por todos los agentes implicados en la contingencia, porque de seguir así no se extrañen de que cada vez nos impliquemos menos y... ¡que discuta con ese paciente Rita!
Aquí lo dejo aunque el tema de la IT, como decía da para mucho más. En otra ocasión, tal vez lo retome.
Solo una cuestión que podría calificarse de anecdótica y que sirve para probar la arbitrariedad de la Administración en este y otros asuntos. Hace unos cuantos años en determinadas areas se ingresó en nómina de forma sorpresiva una cuantia en concepto de incentivo por la gestión de las ITs. Curiosamente yo cobré un buen pellizco, por encima de lo que se les asignó a mis compañeros, "sin comerlo ni beberlo"; aun no me lo explico porque mi filosofia al rspecto es equiparable a la de "in dubio pro reo".
29 julio, 2017
5° de 365. Situación embarazosa
| He decidido que, de momento, los días festivos no haya más que breves comentarios. A pesar de todo, casi siempre consigo pasármelo bien en cualquier situación y lugar; incluida la consulta diaria. Creo firmemente en el poder terapéutico del buen humor y consigo a menudo sacarles unas risas a los pacientes, con quienes las comparto, sin importar lo dramático de la situación. Atendí ayer a una joven futura madre que se encontraba de baja por ciertas molestias inespecificas, de las que aparecen a veces en los primeros meses del embarazo, que probablemente se habían acentuado a consecuencia de la falta de sensibilidad que demostró la empresa frente a la propuesta que ella les ofreció para suavizar provisionalmente, mientras durase la situación, su cometido. De hecho, lo que demuestra su buena fe, venía a pedirme el alta, a pesar de no encontrarse aun bien del todo, para enlazar con dos semanas de permiso que le correspondían. Procedí a extenderle el alta como me pedía y usé todos los recursos para empatizar con ella consiguiendo que aflorara una expresión de leve alegría. He notado últimamente con satisfacción que se va perdiendo la fórmula informal de despedida "hasta luego" degenerada por el uso y abuso en un horrendo "taluego", fórmula por otro lado irrealista y anacrónica, ya que probablemente a quien va dirigida no v as a volver a verle ni luego ni tal vez nunca. En su lugar se viene usando, incluso por gente muy joven, el "que pase un buen día" mucho más explícita y con mayor encanto que la anterior. De modo que, cuando me despedía de la paciente a la que hacía mención, tal vez por una cuestión mimética con lo anterior, le dije "que tenga usted un buen embarazo" A lo que ella me respondió de forma automática "gracias, igualmente". Estuve fino de reflejos y repliqué a mi vez "haré lo que pueda". Carcajada a duo. ¡Que pase el siguiente! |
28 julio, 2017
3º de 365. Hospitalización a Domicilio
Hoy he llamado al 061 desde la consulta, entre citado y citado, para solicitar una ambulancia convencional urgente para un traslado desde el domicilio de la paciente al centro hospitalario de referencia. He rellenado el parte de interconsulta para urgencias y se lo he entregado al hijo.
Realmente no tendría por que haberla remitido a urgencias y lo mismo podía haberla remitido hoy que cualquier otro día; era un traslado inevitable en uno u otro momento. De hecho la paciente ha tenido que ser reingresada por urgencias últimamente casi a ritmo bimestral y con estancias de diez días de media.
No tiene una patología concreta sino, permítaseme la frivolidad, el paquete completo; 84 años, obesidad mórbida, diabetes, EPOC-asma, insuficiencia venosa de MM II, poliartrosis, hipotrofia muscular, anemia multifactorial..., y las consecuencis derivadas; hipomotricidad, disnea, edemas, insuficiencia cardíaca congestiva...
Todos tenemos pacientes en condiciones similares y, en mi caso, soy consciente de que no les hago el seguimiento que sería deseable. Como mucho me sirvo de las impresiones que me transmite la enfermería, que con cierta periodicidad acude al domicilio a controlar las constantes y valorar el estado general,y solicitar con una frecuencia razonable analiticas para valorar el estado homeostásico del paciente.
Ir personalmente al domicilio me resulta muy dificil. Tengo siempre ocupado casi todo el tiempo útil de consulta, la mayoría de los días termino algo más tarde de mi hora de salida. Ha habido días de esos en que al terminar la consulta he tenido aun que hacer hasta tres avisos domiciliarios y he llegado a mi casa a las cinco y hasta a las seis de la tarde.
A esta paciente en concreto y a su familia ya hace muchos años que les anuncié que el deterioro sería progresivo, y que se incrementarian las visitas a urgencias, y que la mejor solución era plantearse una residencia de cuidados mínimos. La trabajadora social llevó a cabo los trámites oportunos y unas veces porque no les llamaban, otra porque no les cuadraba la oferta, otras por esto y otras por aquello, nunca se ha llevado a cabo dicha opción. La realidad es que tanto ésta como otros pacientes valoran especialmente mantenerse en su entorno; con los suyos; en su casa.
Ante estas situaciones no es la primera vez que acude a mi cabeza, como un neón intermitente en "El Mundo del Mago de Oz", el término "Hospitalización a Domicilio". La diferencia es que esta vez he querido salir de mi ignorancia y me he puesto a navegar por La Red a ver que encontraba sobre este asunto.
Resumo:
¡CUIDADO! ¡CUIDADO!
Realmente no tendría por que haberla remitido a urgencias y lo mismo podía haberla remitido hoy que cualquier otro día; era un traslado inevitable en uno u otro momento. De hecho la paciente ha tenido que ser reingresada por urgencias últimamente casi a ritmo bimestral y con estancias de diez días de media.
No tiene una patología concreta sino, permítaseme la frivolidad, el paquete completo; 84 años, obesidad mórbida, diabetes, EPOC-asma, insuficiencia venosa de MM II, poliartrosis, hipotrofia muscular, anemia multifactorial..., y las consecuencis derivadas; hipomotricidad, disnea, edemas, insuficiencia cardíaca congestiva...
Todos tenemos pacientes en condiciones similares y, en mi caso, soy consciente de que no les hago el seguimiento que sería deseable. Como mucho me sirvo de las impresiones que me transmite la enfermería, que con cierta periodicidad acude al domicilio a controlar las constantes y valorar el estado general,y solicitar con una frecuencia razonable analiticas para valorar el estado homeostásico del paciente.
Ir personalmente al domicilio me resulta muy dificil. Tengo siempre ocupado casi todo el tiempo útil de consulta, la mayoría de los días termino algo más tarde de mi hora de salida. Ha habido días de esos en que al terminar la consulta he tenido aun que hacer hasta tres avisos domiciliarios y he llegado a mi casa a las cinco y hasta a las seis de la tarde.
A esta paciente en concreto y a su familia ya hace muchos años que les anuncié que el deterioro sería progresivo, y que se incrementarian las visitas a urgencias, y que la mejor solución era plantearse una residencia de cuidados mínimos. La trabajadora social llevó a cabo los trámites oportunos y unas veces porque no les llamaban, otra porque no les cuadraba la oferta, otras por esto y otras por aquello, nunca se ha llevado a cabo dicha opción. La realidad es que tanto ésta como otros pacientes valoran especialmente mantenerse en su entorno; con los suyos; en su casa.
Ante estas situaciones no es la primera vez que acude a mi cabeza, como un neón intermitente en "El Mundo del Mago de Oz", el término "Hospitalización a Domicilio". La diferencia es que esta vez he querido salir de mi ignorancia y me he puesto a navegar por La Red a ver que encontraba sobre este asunto.
Resumo:
- La primera Unidad de Hospitalización a Domicilio se debe al Dr. E. M. Bluestone, que la creó como una extensión del Hospital Guido Montefiore de Nueva York.
- Entre los años 50 y 60 la experiencia se hizo extensiva a Canadá, Francia, Alemania, Gran Bretaña y Suiza. Igualmente creadas a expensas de centros hospitalarios.
- En España se creó la primera en 1981 por iniciativa del Dr. Sarabia, como una extensión del entonces Hospital Provincial de Madrid, hoy Hospital Gregorio Marañón. Ésta a servido de modelo a las que sucesivamente se han creado desde entonces.
- En España hay actualmente 112 unidades de hospitalización a domicilio, todas hospiataldependientes repartidas desigualmente por las distintas comunidades autónomas, existiendo aun algunas como la de Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Madrid, cuyos gobiernos se resisten a incluir estas estructuras entre sus servicios asistenciales.
- En 2009 se crea la Sociedad Española de Hospitalización a Domicilio (SEHAD). Entre otras actividades ha organizado hasta el momento 13 congresos nacionales. Se fijan los conceptos de Atención Domiciliaria, de baja complejidad, más dependiente de las prestaciones de los Equipos de Atención Primaria, y Hospitalización a Domicilio, de alta complejidad, y más ligada a los medios hospitalarios. No obstante se pretende dotar a las Unidades de Hospitalización a Domicilio de entidad propia con personal y titulación específicos .
- Se puede presumir que hay unanimidad en todos los estudios llevados a cabo en cuanto a que la hospitalización a domicilio presenta muchas más ventajas que inconvenientes. Destacando entre las primeras las que se refieren a satisfacción del paciente, reducción de días de hospitalización y del numero de ingresos a urgencias, reducción de las infecciones nosocomiales e importante ahorro económico.
- Existen algunas diferencias entre la SEMI (Sociedad Española de Medicina Interna) y la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria) sobre en que especialista debe de recaer el peso de la responsabilidad y dirección de dichas unidades asi como sobre el valor y las condiciones en que deben de funcionar las mismas y las condiciones que debe de reunir el paciente al que se le ofrezca dicha opción.El Médico Interactivo, 28/04/2017
- La idea de la SEHAD es hacer extensiva a todo El Pais la creación de dichas unidades asi como la homogenización de las mismas y así queda contemplado en el Proyecto HAD 2020.
¡CUIDADO! ¡CUIDADO!
27 julio, 2017
2º de 365. ¡Al rico episodio ambiguo!
| Hoy, por suerte, la consulta ha sido mucho más ligera: Tenía bastantes menos citados que los dos últimos días, han fallado los primeros cuatro pacientes, con lo que he podido imprimir un buen numero de recetas y ultimar otros asuntos pendientes. Los motivos de consulta tampoco han sido especialmente complejos. Tan solo una paciente me ha generado un leve conflicto: un empleado sanitario de uno de los hospitales "insigna"de La Comunidad de Madrid. Se trataba de una recaida por cervicalgia; unos días atrás había pedido el alta voluntaria por mejoría. Me ha enseñado la atención de urgencias en su propio centro de trabajo. Me ha pedido las recetas oportunas para continuar el tratamiento prescrito. He comprobado la cita con neurocirugía de su centro de trabajo para mediados de septiembre, aunque cree que puede conseguir que se la adelanten, con la idea de solicitar una resonancia magnética. Hasta ahí todo bien, el problema ha surgido cuando le he prguntado si quería la baja laboral. me ha contestado que sí, con la condición de que le hiciera un escrito en el que constara que se le daba de baja por una de las dolencias contempladas con derecho a percibir el 100% del salario. Al parecer algún miembro de la plataforma sindical o de salud laboral le ha informado de la publicación en el BOCM (Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid) de los acuerdos alacanzados entre la Mesa Sectorial y El Gobierno de la Comunidad en el mes de mayo pasado, en cuyo anexo figura un listado con las enfermedades a las que afecta esta condición. Habían llegado a mi vagas noticias sobre este tema, de modo que he echado un vistazo a dicho listado, que el paciente me ha mostrado en su movil donde lo tenía cargado, y lo más cercano a su problema que he podido ver es algo tan impreciso como "desplazamiento de disco intervertebral"; no especificaba si el disco tenía que estar tan desplazado como para palparse bajo la piel del cuello o provocar obstrucción esofágica u oclusión aórtica. También he podido ver que en dicho listado se han guardado muy bien de que figuren dolencias tan corrientes como amigdalitis, gripe, brote ulceroso, acoso laboral, duelo prolongado; por poner solo unos ejemplos. Por supuesto no le he hecho el escrito que pretendía, haciendole entender que para ello había que tener un diagnóstico definitivo, de lo cual estabamos pendientes, y que si este se establecía a posteriori" seguro que podría reclamar lo que le hubiesen descontado indebidamente. No ha querido la baja y en su lugar ha preferido un justificante porque estaba indignado por lo que le descontaban de la nómina. Ha manifestado que entendía mis motivos pero, al despedirse no ha podido evitar lanzarme una torva mirada, como identificandome con una parte fundamental de sus problemas. Este episodio y el hecho de la apertura automática en la pantalla del ordenador de una dichosa alarma que viene acosandome últimamente, me hacen entrar de lleno en el tema de la comunicación de hoy. Desde hace unos meses venimos observando que, al abrir la historia de determinado paciente citado, se abre una "ventana indiscreta" que nos avisa que tenemos episodios ambiguos. Al principio, en dos o tres ocasiones, entré en dicha aplicación a ver de que iba y fue suficiente con eso. Ahora me limito a cerrarla sin más cada vez que aparece. Como diría mi abuelo: "no tengo tiempo de perder el tiempo". Pero, ¡vamos a ver, señores mios! Si ya de por si en cualquier consulta médica especializada o no, es dificil llegar a un diagnóstico definitivo o al menos aproximado en la primera visita, tanto más en Atención Primaria donde la incertidumbre es mayor y los medios más limitados. Aunque el nombre de episodio no le cuadra mal a determinados pacientes hiperfreuentadores que parecen formar parte de un "culebrón", el nombre "motivo de consulta" es más realista con la labor que realizamos a diario. Atendemos a diario motivos de consuilta que, como ya sabemos sobradamente, se acercan más a trámites administrativos que a verdaderos actos médicos. y, en este último caso la variedad, dispersión y "ambigüedad" de lo consultado es tal que es dificilisimo concretarlo en una "etiqueta". Cuando además, para llegar a un diagnóstico definitivo, necesitas determinada prueba complementaria y/o interconsulta con el especialista, con las correspondientes a veces demasiado prolongadas demoras, el paciente; sobre todo si es muy mayor, ha tenido tiempo de consultar otros problemas que relegan a aquel episodio remoto al estado de abierto y pendiente "sine die" unas lineas más arriba del episodio recien abierto. Hablemos pues de ambigüedades: Ambiguo es intentar codificar los motivos de consiulta con el CIAP-2 (Codigo Internacional de Atención Primaria), por cierto última revisión de 2008, sobre todo cuando se intenta correlacionar con el CIE (Codigo Internacional de Enfermedades); por cierto en España se sigue utilizando la versión nueve, cuando en otros paises utilizan la diez y con sucesivas actualizaciones mejoradas. Gracias a este "eficaz" sistema de codificación nos vemos obligados a escribir a mano la dolencia de casi uno de cada tres pacientes "sobre" un código lo más parecido al problema real. Ambiguo es el nomenclator en el que nos basamos para realizar las prescripciones; seguimos funcionando en medicina con uno y en las oficinas de farmacia con el suyo propio y muy a menudo no coinciden. Ambiguas siguen siendo la delimitación de funciones y el reparto de competencias, jerarquias y responsabilidades dentro del Equipo de Atención Primaria. Solo hay una cosa clara; aquello que no resuelve el resto, por los motivos que sea y de la índole que sea lo tiene que resolver el facultativo. Todo ello con honrosas excepciones Ambigua la relación con la atención especializada. Sigue habiendo un buen numero de especialidades o de especialistas concretos que mantiene una actitud ignorante y por ello a menudo denigrante con el médico de atención primaria. Para paliar en lo posible esta injusta situación se creó la figura de la Dirección de Continuidad que, seguramente por ser coherente con ese nombre, ha conseguido que todo continue... igual de mal para nosotros. Ambiguo es pregonar lo importnte que es la Atención Primaria y recortarle cada vez más los recursos humanos y pecuniarios. Ambiguo es decir lo malo que es este fármaco que acabo de autorizar y lo imprescindible que es cinco años después cundo ha bajado su precio. Ambiguo es... ¿quien es el ambiguo ahora? Ya me he cansado. Mañana más |
25 julio, 2017
1º de 365. El visado electrónico
Ayer, por ser mi cumpleaños, acudieron a mi consulta un sinfín de pacientes propios y ajenos (tres colegas de vacaciones y sin suplentes). Cualquiera diría que se habían puesto de acuerdo para darme una fiesta, pero no; fue un dia "berlanguesco" y, además hoy, día de Santiago Apostol, ha sido como una repetición de ayer, asi que definitivamente no; nada de fiesta.
Y ¿a que acude toda esa gente? Pues, como siempre, algunos; menos de lo que sería deseable, acuden demandando soluciones para autenticos problemas de índole médica; los que plantean el reto diagnóstico, que te obligan a recurrir a todas tus habilidades para el manejo del paciente y la aplicación de las mismas con el fin de conseguir que éste recupere su estado de salud.
Sin embargo, la mayoría a lo que viene es a resolver problemas cada vez más alejados del ejercicio de la profesión médica y si relacionados con la vorágine administrativa.
Me centraré hoy en el visado electrónico por ser el más reciente bodrio engendrado. No puedo remediar, antes de seguir, hacer hincapié en que el visado me parece absurdo, molesto, cuando no ofensivo por lo que supone de duda sobre nuestra integridad ética.
Puedo entender que ante esta nueva modalidad y con un medicamento nuevo que requiera visado, tengas que seguir cierto protocolo, aunque podían haberse molestado un poco en que éste apareciera automáticamente para el fármaco en cuestión y no tener que salir del tapiz del paciente a buscar la plantilla y etcetera, etcetera. Lo normal, si la administración nos tuviera un poquito en cuenta, sería además que, para un fármaco que ya esta siendo visado por la Inspección en formato impreso, automáticamente pudiera seguir siendo visado electrónicamente, dentro de sus plazos correspondientes. Pues no, incluso en estos casos tienes que buscar la dichosa plantilla, rellenarla y contar con que a la Inspección Médica le cuadre la tontería; que no siempre es así, ni siquiera en estos casos en los que supuestamente ya estaba todo atado y bien atado. En compensación disfruto casi a diario de la dulce voz, aunque distorsionada por el teléfono, de estas queridas compañeras inspectoras; hacía tiempo que no me sentía tan solicitado.
El visado electrónico es una muestra más de que nuestra posición como funcionarios se encuentra al final de una cadena de despropositos burocráticos y por tanto todos los embrollos que conlleva cualquier "mejora" que introduce La Administración supone incomoda sobrecarga de trabajo para nosotros, buscar soluciones chapuceras a los chapuceros protocolos y escasos beneficios para el paciente al que traemos loco de aqui para allá. La única diferencia en este caso es que nos ha salido un grano en el c... tanto a nosotros como a la Inspección; los males compartidos son menos malos.
Añado una reflexión respecto a la receta electrónica: de momento algo no funciona bien porque no recuerdo desde cuando no hacía tantas recetas a mano como me veo obligado a hacer ahora, Y no creo que esta afirmación la puedan refutar ni los más entusiastas. Dicen que a principios de 2018 quieren que la receta electrónica no sea ya una alternativa, como ahora viene siendo, sino la única opción posible y también dicen que quieren incluir en la misma las prescripciones de los especialistas ¡Ji, ji! Además pretenden hacerla única y compatible para todas las autonomias ¡Jo, jo!
¡Compañeros, afilad vuestros bolígrafos! Electrónica... ¡Ja!
24 julio, 2017
Dos elevado a seis...
Hoy mismo cumplo todos esos años y, por tanto, mañana comienza la cuenta atrás paradigmática. Como en la "mili", cuando tras cada arriada de bandera no podiamos evitar el susurrar; a veces demasiado alto pese a encontranos firmes en formación., "UNA MENOS".
Mañana comienza el que será para mi todo un año para la reflexión y el balance.
Reflexión sobre que me deparará el futuro con tanto tiempo libre; aunque los humanos de mi entorno se las ingenien para reducirlo hasta la insignificancia. Reflexión acompañada de cierto temor; no en vano durante años he presenciado a multitud de individuos que, como si de un electrodoméstico de mala calidad se tratase, parecen venir de serie con obsolescencia programada y, nada más cumplir los sesenta y cinco, comienza ya el primero de un rosario de problemas de salud.
Balance de toda una vida, carrera de obstáculos: primer diente; hablar; caminar; control de esfinteres; cole; sexo; mili; universidad; trabajo; coche; trabajo; pareja; trabajo; hijos; trabajo; hipoteca; trabajo; padres; trabajo; hijos; trabajo; trabajo; trabajo...
Alguien que no debía de estar en sus cabales pronunció probablemente hace mucho tiempo una de esas frases hechas, que yo prefiero llamar tonterias dichas. Me refiero a lo de "el trabajo es salud"; sin comentarios.
Afirmo con amargura, a un año de mi jubilación, que en cuanto a mi trabajo el balance no puede ser más negativo. Una administración de la que prefiero ahorrarme los calificativos; casi epítetos, que se agolpan en mi cabeza, unida a un colectivo; del que formo parte y al que, siendo benevolo, calificaré de casposo, han conseguido durante todos estos años hacerme perder el entusiasmo con que comencé; aunque no han conseguido, ni siquiera ahora, apagar esa pequeña llama de ilusión, que siento por esta amada profesión.
No quiero extenderme más de momento en este preliminar. Tengo unos hermosos 365 días para hacerlo.
31 mayo, 2016
La Cartera (de Servicios) siempre llama más veces
| Un compañero de trabajo, al parecer inexplicablemente impresionado por mis anteriores publicaciones, me ha estado animando reiteradamente, tentando asi a mi algo maltrecho ego, a que volviera a escribir en este blog mio. Casualmente a este mismo compañero, en Reunión de Equipo, le tocó informarnos sobre la Cartera de Servicios, el nivel de objetivos conseguidos, la comparativa con el resto de Centros de La Comunidad y sobre todo; dado el entusiasmo con que el citado colega enfrenta todos los asuntos, afearnos aquellos servicios en los que no hemos conseguido los objetivos pactados, y animarnos a tomar las medidas para mejorar en el futuro. Asisto con poca frecuencia a las reuniones de equipo. A menudo coincide con que estoy de turno de avisos a domicilio o de urgencias, o sencillamente un dia de excesiva demanda en la consulta, que me impide hacerlo. En otras ocasiones decido no acudir y dedicarme a otros menesteres de mi actividad laboral, por la sencilla razón de que los temas que se tratan en esas reuniones me parecen irrelevantes para mi ejercicio profesional, para mi buena praxis, para beneficio directo del paciente y/o para mis reivindicaciones laborales (nunca olvido mi condición de simple asalariado). De las distintas reuniones de equipo, dentro de las monográficas, las que menos soporto son las que se ocupan de la Cartera de Servicios, denominación desafortunada; que si no me falla la memoria, se adoptó hace unos veinticinco años, y que no puedo evitar asociar con la imagen de un rollo de papel higiénico dentro de un portafolios.En esas contadas ocasiones en que acudo a las reuniones de equipo consigo mantenerme callado la mayor parte el tiempo, porque sé que si abro esta boquita será para lanzar sapos y culebras y no quiero que venga mi mamá a lavarmela con estropajo y lejía. Sin embargo el día a que aludía más arriba, al cabo de algo más de un cuarto de hora de escuchar inconveniencias; según mi modesto entender, mientras mis compañeros permanecian imperterritos con toda su atención, simulada o real, cuando no haciendo sumisas intervenciones, no pude más y salté a mi estilo, con el consiguiente casi simultaneo arrepentimiento no por lo que dije sino por como lo dije. Pero, ¿que me pasa a mi con la Cartera de Servicios? Mi aversión no es infundada: Viene siendo asi desde las primeras reuniones en que el argumento básico, inequívocamente manifiesto una y otra vez, para cumplir los objetivos era el cobro de incentivos (ahora nos hemos vuelto más finos, o más cínicos, y rara vez se hace mención al tema pecuniario). No importaba si la cumplimentación de registros llevaba pareja la escrupulosa realización del servicio en cuestión; lo importante era el aspa en el cuadradito, y en eso tengo la impresión de que no ha cambiado tanto la actitud general actual. Por más que se empeñe La Administración , la Cartera de Servicios no evalua, ni siquiera se aproxima a ello, la labor cotidiana del profesional. Pretende ser un reflejo de nuestra actividad, cuando en realidad ésta se encuentra sometida a una demanda incontrolada de imprevisibles, imaginativos y enrevesados motivos de consulta, imposibles de plasmar inteligiblemente en el más versatil de los sistemas de registro, que a su vez resolvemos improvisando soluciones igualmente imaginativas. Para enredar un poco más las cosas sufrimos el diario bombardeo de un buen numero de "urgencias"; debiendo de poner un cuidado exquisito en detectar cuales de ellas lo son realmente. Casi siempre el numero de visitas a domicilio es mayor del que sería deseable; cada paciente atendido a domicilio ocupa diez veces más tiempo que si fuera atendido en consulta. La omnipresente sobrecarga "in crescendo" de inutiles trámites burocraticos no es intrascendente numerica y cualitativamente a la hora de entorpecer aun más el trabajo cotidiano. Nadie, ni siquiera yo, discute la utilidad del registro lo más exahustivo y completo posible de TODA nuestra actividad: ¿que es eso de pactar porcentajes de coberturas? Ojalá hubiera además una cámara oculta grabando todo continuamente. La explotación de esos datos sería de un valor incalculable. Pero esto es poco menos que imposible con los continuos recortes de recursos humanos y no humanos y con un sistema informático a pedales y un paquete de aplicaciones con todas las ventanas y contraventanas, passwords y clics, capaces de provocar contumazmente todo tipo de tendinitis y tortícolis, nistagmus e incremento de dioptrías, amén de cuadros psicopatológicos emparentados directamente con la neurosis de guerra. Si tan importantes para La Administración son esos registros (supongo que ellos también tienen que justificar su labor ante instancias superiores), que doten de mayor automatismo y eficacia a los medios disponibles para que el humano y el tiempo que se vea obligado a dedicar a esta ingrata labor sea el menor pósible. También podrían destinar una parte del personal más "desahogado" de trabajo en la Dirección Asistencial y en la Gerencia (ninguno de estos sufren presión asistencial) a colaborar diréctamente en en estos farragosos cometidos. ¡Pero, si llevamos una eternidad soportando un CIAP y un CIE obsoletos que la mayor parte de las veces te obliga a inventarte, y escribirlo a mano, el motivo de consulta!. ¡Pero, si manejamos un nomenclator que nada tiene que ver con el que manejan las oficinas de farmacia que supone frecuentes idas y venidas de pacientes cabreados y notas de farmacéuticos que nos cabrean a nosotros por prescripciones supuestamente incorrectas o inexistentes. Tras más de un año de Receta Electrónica, seguimos sin resolver las clásicas excepciones: Visado de inspección, Sindrome Tóxico, medicación extranjera, ISFAS, ADESLAS, MUFACE. Y, por supuesto, la Especializada sigue sin entrar en el juego. ¡Por favor! Hace más de tres años que utilizo warfarina como anticoagulante oral, en determinados pacientes, con notable éxito (por algo será el más utilizado a nivel mundial), con la promesa de los responsables informáticos de que se introduciria en el protocolo de TAO (Terapia Anticoagulante Oral) en breve y aun tengo que seguir editando "a pelo" el documento de Word de la hoja de tratamiento para facilitarsela con un aspecto decente a mis pacientes. Ante esta "Feria de los Despropósitos", hace ya tiempo que a modo de vacunación antiesquizofrénica, senté para mi coleto dos preceptos básicos: El primero es que me debo a mi paciente, al que doy la consideración de "jefe tácito", por más que sea el causante directo de la presión asistencial que sufro a diario. El segundo es que gran parte del creciente malestar que vengo sintiendo a lo largo de casi cuarenta años de ejercicio profesional deriva de la gestión de mis superiores en la Administración Sanitaria, cuyos miembros viven en otra dimensión. Asi lo he comprobado una y otra vez observando la metamorfosis ideológica que experimentan aquellos que a lo largo de los años han pasado de ser mis compañeros en "las trincheras" a mis jefes en "la moqueta". Más aun: los que no la experimentan suelen durar un suspiro en el cargo. Surge como reflexión la paradoja de que trabajando en promover y recuperar la salud de los demás, en las condiciones en que lo hacemos, ponemos en peligro nuestra propia salud principalmente psíquica, sin entrar a considerar en que medida repercute en la salud física y global. Esto no parece preocupar mucho a nadie, incluidos nosotros mismos. Lo de que nuestros usuarios tengan factores de riesgo como hipertensión, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad, osteoporosis, etc. O enfermedades tan prevalentes como diabetes, EPOC, artrosis, embarazo..., es casi meramente incidental comparado con aquello por lo que en realidad demandan nuestra atención una buena parte de ellos, que está muy directamente relacionado con padecer de senectud, soledad, sutil maltrato, explotación laboral, paro, falta de recursos, familia en crisis, degradación medioambiental. Por supuesto que un simple cambio de valores y de tácticas de abordaje no va a poder resolver estos problemas, pero la grandeza del ejercicio de la medicina se ha fundamentado desde siempre en su doble vertiente científica y humanística y no podemos "escurrir el bulto" ante estas implícitas demandas, máxime cuando sabemos que ninguno de estos usuarios recibiran la atención y el apoyo institucional debidos para sobrellevar sus malparadas vidas, a no ser que tengan la "fortuna" de que un familiar muera en atentado terrorista o en un accidente masivo. (Vease mi articulo Muertos de Clase Turista) Aunque a La Administración se le llena la boca de elogios a la labor de la Atención Primaria, a la hora de la verdad cada vez sufrimos más recortes de recursos en favor de la altamente técnificada Medicina Hospitalaria y nos delega la responsabilidad sobre la "morralla asistencial" que nadie quiere. Pocos diagnósticos brillantes vamos a llevar a cabo y tampoco vamos a poder asumir el seguimiento integral de determinados pacientes, mientras sigan sin facilitarsenos los medios adecuados. Pero disponemos de unas herramientas inapreciables: tiempo, accesibilidad y confianza. Podemos dedicar el tiempo que consideremos oportuno a un determinado paciente de forma puntual; aunque ese día en cuestión se incremente la ya habitual demora en la consulta. Y podemos citar a los pacientes tantas veces como estimemos necesario con cortos periodos de intervalo entre cita y cita. La confianza que nuestros pacientes tienen depositada en nosotros se manifiesta por el hecho de no ser anecdotico que nos piden el visto bueno ante un diagnóstico o un tratamiento del especialista, o para dar su consentimiento ante determinada prueba complementaria que aquel ha solicitado. Lo mejor que podemos hacer: utilizar esa pequeña parcela de poder de que nos dotan esas herramientas en beneficio de esas otras humanísticas demandas; me consta que nos encontrámos en una posición privilegiada para facilitar un poquito más de felicidad a nuestros pacientes; negarselo sería inhumano. Si ello supone utilizar todo el tiempo disponible (recordad lo muchisimo de acuerdo que estámos todos con los DIEZ MINUTOS POR PACIENTE) independientemente de la labor médica al uso, para escuchar, para alentar, para hacerse entender, para hacer comprender..., aunque sea en detrimento de los puñeteros registros, o de las dudosamente útiles reuniones de equipo, lo doy por bien empleado. Para mi, cumplir con la Cartera de Servicios a menudo supone la sumisión a unos criterios de valoración inexactos e injustos de mi labor profesional y una perdida de tiempo en detrimento de las auténticas y complejas demandas de nuestros usuarios; los cuales curiosamente no han participado ni mucho ni poco en su elaboración, y si lo ha sido por unos gestores que dan continuas muestras de que les importamos bien poco. En una ocasión, hace muchos años, "conseguí" cobrar cero pesetas (ved si estoy hablando de hace años) de incentivos y en el resto de ocasiones vengo siendo de los que más baja remuneración por ese concepto perciben. Por supuesto, mientras todo siga igual, no podré dejar de sentir que mi labor profesional está injustamente infravalorada y eso, lo reconozco, si que escuece un poco. El dinero no me importa tanto: sentir que estás haciendo lo que crees correcto, incluso en contra de lo establecido, no tiene precio. |
10 octubre, 2014
¿Mañana en la consulta el Ébola?
Como médico de atención primaria con puesto de trabajo en un centro de salud de Alcorcón, permítaseme publicar algunas reflexiones al respecto, probablemente nada originales porque estoy seguro de que lo que paso a exponer está en la mente de todos.
1º Las autoridades sanitarias gubernamentales y comunitarias en los dias siguientes a la declaración del primer caso de la enfermedad contraido en España, con su actitud informativa hermética y contradictoria, cuando no tendenciosa y engañosa, han contribuido a crear un clima de inseguridad en la población al cual los sanitarios, por nuestro mayor nivel de conocimientos, somos aun más sensibles.
2º Debido a lo anterior y a las circunstancias adversas hemos de deducir que ese primer caso diagnosticado puede haber estado llevando una "vida normal" ya enferma, moviendose de aqui para allá y permaneciendo aquí y acullá alrededor de una semana, periodo durante el que cabe cierto riesgo de haber transmitido la enfermedad a un numero indeterminado de personas. La mayor parte de éstas parece que han sido identificadas y se encuentran bajo vigilancia, e incluso algunas permanecen ingresadas en el Instituto Carlos III. No se descarta que, al haberse modificado los niveles de seguridad; y probablemente se sigan modificando en adelante, el numero de ingresados bajo control se incremente.
3º Estas últimas medidas probablemente; ojalá sea así, van a contribuir a reducir el riesgo de que la enfermedad cobre caracteres de epidemia. Pero debido a las dudas generadas, como antes apuntaba, pueden haber quedado contactos potencialmente convertibles a enfermos sin identificar y sin vigilancia, con lo que el nivel de incertidumbre, solo por este hecho, aumenta y las medidas cautelares a tomar inevitablemnete se tienen que incrementar en intensidad y tiempo de aplicación, digan lo que digan unos protocolos que de momento se han demostrado tan poco eficaces y tan volubles.
4º Creo pues que el personal sanitario en mis circunstancias; PUESTO DE TRABAJO EN UN CENTRO DE ATENCIÖN PRIMARIA EN ALCORCÖN, debe de considerar como posible caso a todo individuo que acuda a solicitar asistencia, en un periodo que puede comprender los próximos dos meses, con sintomas que hagan sospechar enfermedad infecciosa sin foco bien establecido (postración, cefalea, tos, vómitos, diarrea, sangrado, erupciones cutaneas, etc. con o sin fiebre y máximo si presenta varios de los síntomas enumerados al mismo tiempo).
En estos casos, "manteniendo las distancias" y con mucho tacto, dentro de la anamnesis de rigor, preguntaremos al paciente si cabe la posibilidad de que haya tenido contacto con personas de las que están ingresadas o sometidas a vigilancia o si ha tenido contacto con alguien enfermo de posible enfermedad infecciosa. Si tras estos primeros pasos nos surge una duda razonable; siguiendo las instrucciones que se nos han dado, dejaremos al paciente provisionalmente aislado y contactaremos con el 061 para recibir la orientación pertinente.
Soy consciente de que en la epoca en que estámos, con el incremento estacional de catarros, enfriamientos y viriasis en general, puede verse entorpecido el desarrollo de nuestras actividades asistenciales normales, pero mi sentido común me dice que es mejor ese pequeño mal que la posible alternativa de llenar los incineradores con nuevos casos de Ébola.
5º No creo que esté siendo alarmista, sigue siendo el sentido común el que me advierte sobre una enfermedad acerca de la que poco sabemos aparte de que se muestra con un relativo alto grado de transmisibilidad y que es potencialmente letal en un elevado porcentaje de casos. Si esto no resulta suficiente para extremar la cautela....
Tampoco me mueve ningún miedo personal; asumo mis riesgos profesionales con todo el sentido ético y altruista de que soy capaz. Precisamente ese altruismo es el que nos debe de hacer pensar en la importancia de poner todos los medios para que no adquiramos la enfermedad nosostros mismos; con ello contribuiremos a cortar la cadena epidemiológica y conservaremos a un sanitario en activo.
Todo ello no quita que procuremos impedir toda actitud que contribuya a sembrar el pánico en la población, y si mantener un comportamiento que transmita serenidad y seguridad
Ojalá que todo lo que aquí he dicho sea en vano.
Alfredo Falcó Sales, 2014 |
18 julio, 2014
Lengua y Medicina III: ¿PQCUTLEEADM?
Tras un prolongado silencio que no siento ningún deseo de explicar, me arranco con este articulillo. El motivo de salir de mi perezosa inercia es el tema de los puñeteros acrónimos, que igualmente pueden llamarse criptónimos (creo que éste es el termino que mejor les cuadra dado el resultado conseguido las más de las veces), sigla o siglas, que sobre esto también hay confusión.
De un tiempo a esta parte se hace un uso cada vez más frecuente; yo diria que abusivo, pero además; como suele ocurrir en este pais nuestro, incorrecto e indebido, de esta fea costumbre de sustituir en los informes médicos el nombre de cualquier sindrome, procedimiento diagnóstico o terapéutico, hallazgo clínico, etc. por el acrónimo resultante de unir las letras iniciales de las palabras que lo forman. Sinceramente no alcanzo a comprender la necesidad, la ventaja o el gusto por esa práctica.
Hace unos días comentaba con una compañera el enfado que me había producido la perdida de tiempo; aparte de considerarlo una falta de respeto, que me había supuesto conseguir desentrañar varios de los "palabros" que pretendían infructuosamente informar acerca del cuadro clínico de mi paciente; en esta ocasión desde medicina interna (y no MI). Ésta por toda respuesta, medio en broma, medio en serio me dijo que el problema es que estamos obsoletos.
Es verdad que estoy a escasos pasos de la jubilación y que la mayor parte de los especialistas que atienden a mis pacientes son más jovenes que yo, algunos descarádamente más jovenes, y que muy probablemente muchos han crecido asesinando a nuestro querido lenguaje a través de impresentables abreviaturas en sus SMS (¿sabíais que significa Short Message Service, o Servicio de Mensajes Cortos?) Pero no puedo admitir lo de obsoleto salvo como sinonimo de sensato o formal y, por contra a su vez, antónimo de moderno, insensato, informal; lo que no dejaría de ser en alguna medida injusto para con esos juveniles colegas.
Intento comprender, y creo conseguirlo hasta cierto punto, el porqué de esta práctica. Desde antaño, en nuestra profesión, se han venido utilizando los términos más corrientes junto a los que consisten en el nombre propio del descubridor o descubridores de tal lugar anatómico, dolencia, prueba, etc (tiene un Hodgkin, es un Murphy positivo, le vamos a hacer un Mantoux) y estos han constituido el lenguaje universal conocido por cualquier profesional de la medicina.
En los últimos tiempos el caudal de conocimientos se ha incrementado vertiginosamente, y los nuevos avances, fruto en general de equipos múltiples y multidisciplinarios, se prestan poco a lo onomástico y si a las denominaciones más descriptivas y prolijas y, por tanto, más tediosas de nombrar (trastorno por deficit de atención e hiperactividad; dispositivo de presión aérea positiva continua; síndrome coronario agudo sin elevación del ST). No cabe duda sobre lo cómodo de utilizar TDAH, CPAP (continuous positive airway pressure) y SCASEST que además, por su impacto, incidencia y abordaje multisistema son acrónimos de uso harto frecuente. El verdadero problema surje con aquellos que podriamos definir como jerga localista.
El especialista maneja temática que, concentrada en su propia especialidad e inherente a la misma, a éste le parece de lo más común, tanto que, dentro de su argot particular, tiende a simplificar utilizando múltiples acrónimos que, con toda probabilidad resultarán ininteligibles para la mayor parte del resto de los especialistas, incluido el médico de cabecera y no digamos para el paciente.
Si la finalidad de los informes es informar no se entiende esa falta de sensibilidad que demuestran cuando algunos de esos consisten practicamente en una sucesión de acrónimos, abreviaturas y siglas a menudo improvisadas e inventadas, sin ninguna explicación facilitadora anexa. Información a la que, salvo razones compasivas, tiene derecho el paciente. En un medio democrático esa costumbre ancestral de la medicina críptica y esotérica, como si solo fuera comprensible para unos pocos privilegiados, ya ha pasado a la historia.
A nosotros, los médicos de cabecera, nos corresponde la labor, que realizamos gustosamente, y no pocas veces ante la angustiada demanda del paciente, de informar; o más bien diría descifrar, la intervención del especialista, dada la parquedad en explicaciones que a menudo demuestra éste. Todo ello sin considerar el interés de mantener al día el historial del paciente con todos sus pormenores. Pues bien, con relativa frecuencia no podemos llevar a cabo dicha tarea, impotentes ante lo que parece más un papiro jeroglífico o un juego de adivinanzas, con lo que quedamos en entredicho no solo nosotros sino la profesión médica de forma global.
Si no los inventores, si que puede decirse que los estadounidenses son los que han puesto de moda tal costumbre; de ellos deberían aprender algunos especialistas. Estos, salvo contadas excepciones, tienen buen cuidado de acompañar a cada acrónimo, en su primera aparición en un escrito, de la correspondiente descripción entre parentesis; un rasgo más de la delicadeza con que tratan determinados temas este curioso y contradictorio pueblo.
Hace más de diez años por iniciativa de un par de colegas; doctores Javier Yetano Laguna y Vicent Alberola Cuñat, a traves del Ministerio de Sanidad se publicó un Diccionario de Siglas Médicas que descargué en su momento en pdf, y que por desgracia ya ha quedado; éste si, obsoleto. Sin embargo se ha actualizado recientemente con acceso online en la pagina web de la SEDOM (Sociedad Española de Documentación Médica). En la actualidad comprende 4475 entradas entre acrónimos, abreviaturas y símbolos, cifra que puede ir engrosandose en el futuro a través del apartado de nuevas sugerencias. Otra página; http://www.cosnautas.com/diccionario.html, ésta de pago, presume de contener hasta 85.000 acepciones.
Se da la circunstancia de acrónimos polisémicos; que corresponden a diferentes conceptos según el contexto o la especialidad (ADP: Adenopatía // Adenosin Diphosphate (Difosfato de adenosina) // Arteria (coronaria) descendente posterior). En un más dificil todavía algunos informes incluyen tanto acrónimos en español como en inglés, con la posibilidad de significar algo distinto en un idioma o en otro.
El colmo de la jerigonza son los informes de oftalmología; en esto coincidimos todos, salvo OD y OI y alguna cosilla más, el resto de lo que allí figura no hay por donde cogerlo. En uno de los últimos que he recibido habia al menos dos acrónimos inencontrables por todos los sitios en que consulté en Internet; ni en español ni en inglés. Así que no exageraba antes cuando decía que algunos de estos son inventados.
Dicho todo esto se comprenderá que ruegue, y tengan mi agradecimiento por delante, a esos colegas especialistas que hagan un pequeño esfuerzo y al menos sigan el ejemplo de los "yanquis", y desvelen en su primera aparición en el informe aquel acrónimo que su buen criterio les de a entender que no es de uso corriente para los demás. Y que si crean un "neoacrónimo" al menos tengan a bien proponerlo en el apartado de sugerencias de la SEDOM.
P.D.: Por si alguien quiere hacerse una idea de lo que se siente ante uno de esos de entrada ininteligibles, puede realizar el ejercicio de tratar de descifrar el titulo que encabeza esta entrada. Caso de necesidad la respuesta la encontrará paseando el cursor del ratón con el botón izquierdo pulsado por la siguiente linea amarilla.
¿POR QUÉ COÑO USAN TANTO LOS ESPECIALISTAS ESOS ACRÓNIMOS DE MIERDA? Alfredo Falcó Sales, 2014 |
15 agosto, 2013
Ojos de España
Los ojos, a menudo tema central del acervo popular, cobran especial protagonismo en la letra de innumerables canciones. En el mundo hispano el negro de los ojos de la mujer morena es glosado insistentemente por encima de todo el espectro colorimétrico. "Malagueña salerosa"; "Yo vendo unos ojos negros"; "Esos ojitos negros"; "Ojos verdes son traidores"; son algunos ejemplos de canciones de exito en su momento al uso.
De entre todas ellas destaca especialmente Ojos de España (Spanish eyes). Canción de 1965 con una curiosa historia. Nació como una composición puramente instrumental —"Moon over Naples"— de manos del alemán Bert Kaempfert a la que más tarde le añadieron letra los norteamericanos Charles Singleton y Eddie Synder, cambiandole el nombre por el definitivo "Spanish eyes", convirtiendose en un exito hasta alcanzar el puesto 11º en las listas de USA, y vendiendo miles de copias en la versión con la voz del italoamericano Al Martino. La canción fue también un gran exito en 1967 en España, en la voz del misterioso Kuldip, de origen hindú y, por cierto, estudiante de medicina en Madrid. Volveremos sobre el tema de los "Ojos de España" más adelante.
El primer "medicamentazo" de 1993 en general fue justo y necesario y los facultativos en general agradecimos librarnos de la, hasta entonces, tediosa labor de largas discusiones con los usuarios para convencerles de la no necesidad, cuando no de la inutilidad o peligrosidad, de determinadas porquerias (que me perdone la industria).
Hubo, no obstante, algunas notables ausencias en las listas de exclusión; que hemos tenido que soportar —y algunas aun soportamos— muchos años después y, asimismo, injustas exclusiones con criterios basados en el ahorro indiscriminado o ciertas conveniencias politicas.
Pongo por ejemplo los antigripales; fármacos como mínimo del mismo valor paliativo que los analgésicos, los antiinflamatorios o los ansiolíticos. No todas las asociaciones fijas de principios activos son igual de inconvenientes, y además es dudoso que su desfinanciación haya supuesto ahorro de ningún tipo. En sustitución de estos —y dado que los germenes no han atendido a razones, cesando en su absurdo empeño de seguir produciendo catarros, enfriamientos y gripe; a menudo con caracter de epidemia— habitualmente hemos tenido que prescribir por separado los mismos o similares componentes que los conforman con el incremento del tiempo de consulta, del numero de prescripciones y del gasto total.
Otras asociaciónes demasiado prematuramente retiradas, que demuestra el poco conocimiento y la poca sensibilidad respecto al día a día de la consulta de que adolecen quienes toman estas decisiones, son algunos preparados tópicos dermatológicos. Quienes asi lo hicieron parecen ignorar lo dificil que es establecer un diagnóstico dermatológico, y por tanto aplicar un tratamiento eficaz, ante una lesión avanzada, artefactada y probablemente complicada con una infección a menudo polimicrobiana. ¡Ah Positón®, Cuatroderm®, Diprogenta®! ¡Cuantas biopsias innecesarias habreis contribuido a evitar!
De los, en principio, 1200 fármacos que había previsto excluir, solo se llevó a cabo con la mitad debido a la fuerte reacción, ante la impopular medida, que se produjo en la población. No fue hasta 1998 cuando se concluyó el proyecto con lo que se consideró "segundó medicamentazo" y, de nuevo, se dió la circunstancia de que algunos que no debieran haber pasado el filtro lo hicieron y viceversa —por ejemplo el polémico tema de la financiación de los anticonceptivos orales, actualmente de nuevo en el candelero.
Hoy, bajo el mandato de la ministra Mato, nos encontramos ante una nueva criba en gran medida necesaria, pero que se sigue acompañando de medidas injustas que, como siempre, afectan a los más necesitados; pongamos el ejemplo de los antitusigenos —solo indicados para neoplasia de pulmón con tos incontenible; es de risa— Como otros medicamentos para el alivio sintomático, no curan, pero ¿por que considera el gobierno que el alivio de la tos no es cosa suya? —las toses que se jodan y se las paguen ellos— ¿Que pasa con el completo estado de bienestar? ¿A quien se le ocurriría no dar un antitusigeno en el curso de una tosferina? Una tos irritativa no aliviada pude provocar un sincope tusigeno; y tal vez una consiguiente fractura de cadera, un desprendimiento de retina, una crisis asmática, la reagudización de una EPOC, etc. ¿Es eso más barato? Además promueve la automedicación con el riesgo añadido, por desconocimiento del médico, de efectos secundarios, interacciones e incompatibilidaes sin aparente explicación que interfieren con el seguimiento del paciente.
También debido a esto se han incrementado las prescripciones de los específicos de asociaciones con codeina, con lo que no se disminuye el gasto como cabía esperar y el paciente se medica para el simple alivio de la tos con un antitusigeno acompañado de un fármaco probablmente innecesario.
La oposición al gobierno objetó que la industria farmaceutica subiría los precios de los medicamentos desfinanciados. El ministerio se comprometió a velar por que esto no sucediera; les ha faltado tiempo a los laboratorios para llevarlo a cabo y, así, un pensionista se puede encontrar un medicamento por el que antes no pagaba nada y ahora puede pasar de los diez euros.
El "medicamentazo" actual, con la informatización del sistema, es más cicatero que los anteriores. Un día cualquiera vas a prescribir un fármaco, haces la correspondiente busqueda en el nomenclator, y ya no está en la lista con doble perplejidad para el médico y el paciente.
Estoy convencido de que el Gobierno puede llevar a cabo estas medidas sin que necesariamente se acompañen de esa impresión de desprecio por el bienestar de los ciudadanos; y ahora vuelvo al tema de los ojos.
Podriamos poner otros muchos ejemplos del despropósito, impopularidad y mala imagen que suponen estas medidas cuando, como es ya costumbre, no se consulta previamente al pueblo ni a los profesionales, pero durante estas últimas jornadas, a la vista de lo que estamos experimentando con la desfinanciación de los medicamentos, se me ha ocurrido un slogan alegoríco que creo que ilustra muy bien la actitud de esta Administración iconoclasta y rompemoldes: EL GOBIERNO DESPRECIA LOS OJOS DE ESPAÑA —esos ojos tan valorados, elogiados y cantados por el pueblo.
Retiran despiadadamente las lagrimas artificiales —solo indicadas en el sindrome de Sjögren; que hasta cuesta escribirlo y pronunciarlo— ¿Que les costaba haber dejado solo unas, las más baratitas y haber ampliado las indicaciones a ojo rojo crónico idiopático o ectropión en el anciano, con ello evitariamos además tener que hacer uso y abuso de medicación potencialmente más peligrosa, cuales son los colirios y pomadas oftálmicas con asociación de antibiótico y corticoide.
Y, por ultimo, dentro de la misma alegoría, están los "otros ojos"—los segundos en importancia que diría Woody Allen— que igualmente desprecia El Gobierno; ¿a que viene si no la desfinanciación de todos los laxantes, e igualmente los antidiarréicos, e incluso las dos pomadas antihemorroidales que aun se sostenían? —si quieren por el culo que se lo paguen ellos.
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02 agosto, 2013
Hoy en la consulta... VII. El sabor del tomate
Estos días la consulta es la mar de átipica; todo está condicionado por las vacaciones de verano. A diario cumplimento ingentes cantidades de cupones descuento (las mal denominadas recetas para los que todavia no se quieren dar por enterados) tanto mios como de los compañeros que se encuentran disfrutando de su permiso reglamentario anual.
Muchos pacientes ya han experimentado las innumerables trabas que les ponen en otras comunidades si por descuido se ven forzados a conseguir los medicamentos en su destino estival, y se afanan en hacer holgado acopio de los mismos antes de partir.
No hay presupuesto para contratar suplentes que cubran todas las ausencias, de modo que a diario se reparten los pacientes que acuden a esas consultas entre los presentes. En estas circunstancias el numero de citas de cada uno de estos días es similar al resto del año, con la peculiaridad de que vemos muchos pacientes "nuevos" para nosotros y nos vemos obligados a realizar un rápido, pero intenso repaso a su historial para ponernos al corriente frente a sus demandas.
Como "cada maestrillo tiene su librillo" no es infrecuente que no entiendas nada de lo que alli encuentras, ni por qué el paciente tiene tal o cual tratamiento o por qué esta patología está bajo seguimiento del especialista y sin embargo esta otra no, etc. El paciente, lejos de aclararte nada, aprovecha el encontrarse ante un médico diferente del suyo habitual, para hacerte "la cata" y consultar acerca de esas dolencias nunca resueltas, con lo cual lo que iban a ser solo unas recetas o el resultado de una analítica se complica y se prolonga contribuyendo a incrementar la de por si siempre amplia demora.
Para más inri, el celo que pones en tratar de resolver sus problemas; máxime tratándose del paciente de un colega, alguno lo confunde con "otra cosa" y al despedirse se interesa en si eres médico de plantilla, te pide tu nombre y si tienes plazas libres, con la clara intención de cambiarse contigo.
Pues bien, esta mañana tenía más recetas que nunca, los pacientes estaban especialmente "ingeniosos", estaba de interior; turno de urgencias, y el habitual goteo de pacientes se incrementó de golpe, y se añadieron a la fiesta un par de "sintromes" con el INR fuera de rango empeñados en ser atendidos antes que nadie. El teléfono no dejaba de sonar con el cruce de lineas de cada día preguntando por una inmobiliaria, e incluso a mi movil llegó oportunamente una llamada de mi antiguo operador de telefonía reclamandome la deuda contraida con ellos —soy moroso de Movistar a mucha honra.
Total que la mañana que había comenzado con una sala de espera en la que solo faltaba el Hilo Musical —chill out le llaman ahora— en poco más de veinte minutos se había convertido en un alborotado gallinero.
En una de las ocasiones en que abrí a la algarabía para tratar de poner orden y llamar a otro paciente, C, al que no había visto previamente anotado en la lista, se abalanzó abriendose paso entre todos hacia la puerta con lo que me pareció la intención de liarmela aun más. Yo comencé una frase y un ademán para frenarle; me temo que no con lo mejor que puede salir de mí, cuando, por fortuna, me paró alzando hasta la vista una repleta bolsa, de la que asomaban unos pimientos de un aspecto y un verde claro deliciosos, mientras el pobre hombre decía; encima como escusandose, —solo venía a traerle esto doctor, y que pase un buen verano.
Cogí la bolsa dedicandole una apresurada pero explicita sonrisa acompañada de un —muchas gracias C, lo disfrutaremos en casa a su salud— que probablemente no llegó a oir del todo mientras era absorbido hacia atrás de nuevo por la embravecida muchedumbre.
No quiero pecar de ascetismo, pero soy sincero cuando expreso que el mejor pago que pudo obtener de mi trabajo es la satisfacción del paciente y la buena relación con éste; si además te la manifiesta explicitamente aun mejor. Pero también es verdad que muchos pacientes mantienen la ancestral costumbre de obsequiar a su médico con algo más que palabras y, no nos engañemos, a nadie le amarga un dulce.
Cualquier muestra material de agradecimiento no puede por menos que ser bien recibida. Los objetos de buen gusto, a veces demasiado caros; que valoro especialmente al tiempo que me duele, sabedor que provienen de economías más que ajustadas, contrastan con los "monstruos" en los que sigue, no obstante, sobresaliendo la buena intención y les doy todo el valor solo por eso. Pero con las que en general siempre se acierta es con las viandas: quesos de oveja, conejos, pollos, carpas, barbos, espárragos trigueros, setas, jamones, vinos, dulces, etc. son parte del catálogo de las mismas, las más de las veces exquisitas, de las que he recibido generosas cantidades a lo largo de los años.
Muchos pacientes, la mayoría ya jubilados, tienen una pequeña parcela en la que se entretienen a lo largo del año cultivando su propia huerta. Cuando llega el verano se encuentran casi siempre con una producción mayor de la esperada. Les da para el consumo propio, para hacer conservas y reparten el resto entre familiares y amigos. El médico es a menudo uno de los agraciados por esos excedentes.
Llegué a casa, tras la nefasta jornada, con el deseo de comer ligeramente y sentarme un rato a descansar con los pies en alto frente al televisor, y dejarme arrullar por el correspondiente rollo que estuvieran emitiendo hasta conseguir echar una reparadora cabezada de media hora. Pero antes de eso di un vistazo a la bolsa de C. Era lo suficientemente fina como para que se adivinara el contenido por la forma y el color de los abultamientos que presentaba. Vi que al fondo de la misma había varios tomates.
La vacié sobre la mesa. Los pimientos tenián un aspecto inmejorable; los imaginé bien frititos en un fino bocadillo. Los pepinos eran de esos que ya no se ven; de piel tan fina que se consumen sin pelar con solo lavarlos. Y alli estabán esos tomates del color del tomate, de piel ligeramente satinada, redonditos, densos, consistentes. Cogí uno de ellos y lo olí; olía a tomate, a hierba, a huerto...
Ya sabía cual iba a ser mi frugal almuerzo antes de la siesta, no podía equivocarme; aquel tomate prometía saber a tomate —desgraciadamente sé que muchos no saben de que hablo.
—Ahora sabreis lo que es un tomate de verdad —me aventuré a anunciar a "mis chicas"— Lo lavé, lo corté y apareció repleto de pulpa y jugoso. Lo partí en varios trozos irregulares; como cachelos; como a mi me gusta, y lo aderecé solo con sal. Cogí un tenedor y le hice el honor del primer bocado a mi esposa que asintió saboreandolo gustosa. El segundo trozo fue para mi hija que me miró displicentemente como diciendo "no será para tanto", para acto seguido comentar tristemente —como no se cómo sabe normalmente un tomate no se si es como éste, pero está buenísimo.
Los que han experimentado ese placer alguna vez, tienen suficiente con que les diga que ese tomate sabía a auténtico tomate. Para los demás haré un esfuerzo en describirlo: una consistencia en boca suave de tierna pulpa, un sabor intenso y refrescante agradablemente agridulce o, mejor, dulciagrio; un retrogusto dulce, como de fruta, contrastando a través de la sal.
Tuve que trocear otros dos más. Gracias C por alegrarme el día.
Alfredo Falcó Sales, 2013 |
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